domingo, 16 de septiembre de 2012

Esperar, vale la pena


Días atrás pude leer, en uno de los periódicos nacionales,  una nota acerca de las jóvenes menores de edad embarazadas. El doctor del hospital la titulo “Madres Niñas”, ya que su edad oscila entre los 10 y 16 años. Tiempo después, un columnista al que sigo muy de cerca, opinó acerca de propuestas de Ley para combatir el VIH/SIDA que promueven organismo como la organización de las Naciones Unidas, la Organización Panamericana de la Salud e instituciones de Gobierno, en las que hacen énfasis en el uso del preservativo. Recalcaba que es un sistema fallido, poniendo en contraste el ejemplo de Uganda con su sistema ABC. En 1991, cita el columnista, pasó de tener el 15% de la población con VIH/SIDA al 5% en el 2002.
No hago de lado los esfuerzos que hacen los organismos nacionales e internacionales, en temas como combate al SIDA, embarazos en jóvenes menores de edad (“Madres Niñas”); por el contrario me parecen aceptables y hasta elogiables. Lo que no comparto es la idea, de que nos miren a los jóvenes como personajes en los que pueden sacar lucro al usar el condón, tomar píldoras, o cualquier otro medio que sirva para evitar la procreación. A veces pienso que nos ven como personas incapaces de controlar nuestros impulsos, incapaces de dar un NO, ante cualquier propuesta que tenga que ver con una relación sin compromiso, solo para “pasar el rato”, o como dice un amigo: “solo por quitarse la gana”.
Realmente es un tema controversial, porque existen diferentes posturas alrededor del uso del preservativo, píldoras y demás. Pero desde mi perspectiva el tema es más de fondo, tiene mucho que ver con la persona, con su intimidad, con el respeto de sí misma, con el saber valorarse, de no dejar atropellar los más preciado: su dignidad. Y para ello la Educación de la Afectividad, bien vista, se funda en el seno de la familia. Y es que, si la familia es la base de la sociedad, porqué no comenzar a educando a las familias en temas de afectividad, en donde se dan a conocer las consecuencias de un sí o un no. El Estado se empeña en educar desde las escuelas, colegios e institutos, promoviendo el uso de métodos anticonceptivos, si lo único que se logra es despertar la curiosidad en los jóvenes, dándoles la “opción” a relaciones sin compromiso. Y es que de seguir así, el resultado se verá en lo que se mencionaba en las primeras líneas de esta opinión. Tampoco miro con agrado, el eslogan “Prepárate para un sí”, que se observa en diferentes medios de transporte, que va de la mano con la campaña que se promovió entre jóvenes, mayores de edad, específicamente universitarios. ¿Qué nos quieren decir? ¿Adelante, por qué no. Si estas en el esplendor de tu juventud, ya eres mayor haz lo que quieras y con quieras que la sociedad no te va a recriminar? ¿Porqué ser diferente, si todos lo hacen porqué tú no? Yo les diré por qué vale la pena ser diferente. Porque es mejor practicar la Abstinencia, que es la mejor arma contra los impulsos. Ser fiel (Be faithful), porque ahí se descubre la libertad del hombre. Y quienes quieran usar un Condón que lo usen, los respeto.
Si alguien me tacha de retrogrado, conservador, ortodoxo qué más me da. Si al final son prácticas que esconden lo maravilloso de los valores familiares, esos valores de familia que tenemos que recuperar. La unidad familiar, la fidelidad, la confianza entre padre e hijos.
Somos los jóvenes los que tenemos que empezar a cambiar. Cambiar a una mentalidad de la esperar. Porque sé que tiene mucho, pero mucho el valor de la espera.

Por Heráclito Chamul Flores. 

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